miércoles, 22 de abril de 2026

Opiniones sobran, resultados mandan: el golpe de autoridad de Luis Díaz

 Hoy muchos colombianos celebran el título de Luis Fernando Díaz Marulanda, “Lucho”, en el Bayern Múnich. Sí, ese Bayern que tiene por costumbre, comprar lo mejor del mundo… pero que esta vez no solo compró, sino que acertó con el guajiro. Algunos lo aplauden porque siempre creyeron en él; otros, porque ahora sí les tocó reconocer que tomó una decisión y le salió bien.

Cuando decidió salir del Liverpool FC, no faltaron las críticas. Como casi siempre, parte de nuestra prensa colombiana mostró su “buen ojo”. El señor Diego Rueda, desde “El VAR Caracol” (o como se llame), dijo con toda tranquilidad: “Yo no pagaría 75 millones de euros por Luis Díaz”. Seguramente hablaba desde su lógica de periodista, no de quien pone la plata. Después, mejor guardar silencio. La realidad a veces incomoda.

El señor César Augusto Londoño tampoco se quedó atrás. Comparó a Lucho con Adolfo Valencia, el “Tren”, porque aquel sí era goleador… y Díaz no. Se le pasó un detalle: no juegan en la misma posición. Valencia un nueve puro, debía hacer goles, Diaz, extremo por izquierda, asiste y si puede marca. Pero bueno, eso ya es entrar en detalles.

Y como ellos, hay varios. Muy buenos para valorar lo de afuera y mirar por encima lo propio. Bastaría con que se detuvieran a analizar los números de Lucho en la temporada de la Bundesliga —que todavía no termina—: 15 goles y 13 asistencias en 28 partidos. Participación directa en 28 goles, prácticamente uno por partido. Pero claro, eso exige mirar con calma… y no siempre es lo más fácil cuando ya se opinó primero. Bueno hay hacer a una alusión a un comentarista que no es de mis afectos, Carlos Antonio Velez, pero en relación con el tema, sus referencias a Lucho han sido positivos.

Mientras tanto, en el otro lado, están los que ahora se arrepienten. El Liverpool FC, por ejemplo, ha gastado en reemplazos que no marcan diferencia. Hoy pelea por meterse en Champions; con Díaz, fue campeón y protagonista en Europa. Así es el fútbol.

A pesar de todo, Lucho no solo ganó otro título. También se ganó el respeto del grupo, del mismo Harry Kane —que sí es goleador y no necesita títulos inventados— y de la hinchada. Y, de paso, dejó callados a varios “expertos”.

Pensando en el Mundial, si Colombia logra tener un buen acompañamiento arriba y un James Rodríguez en buen nivel, Lucho puede hacer algo importante. Nadie garantiza nada, pero al menos ojalá no empiecen otra vez a meter ruido desde afuera.

Por ahora, el momento de Lucho es claro. Vienen las semifinales de Champions y ahí se verá hasta dónde llega. Lo cierto es que el Bayern Múnich sigue siendo de los equipos más fuertes del mundo. Aunque para algunos, eso siga siendo un detalle menor.

domingo, 12 de abril de 2026

Merckx y Pogačar: distintas épocas, misma ambición

Composición hecha con ChatGpt

En el ciclismo contemporáneo resulta casi inevitable que se esté comparando a Tadej Pogačar con Eddy Merckx. No se trata solo de los resultados, sino de una actitud que va más allá de las cifras: la permanente búsqueda de la victoria. Pogačar no corre para defenderse ni para administrar ventajas; corre para ganar, ataca cuando otros calculan y asume riesgos que pocos están dispuestos a tomar. Esa ambición, tan poco común en la era moderna, recuerda de manera natural el espíritu competitivo de Merckx.

Eddy Merckx, apodado “El Caníbal”, no corría para competir: corría para devorar cada carrera. Su ambición no conocía límites. Ganaba en cualquier terreno: la montaña, en el llano, en la contrarreloj y hasta en los embalajes. Las cifras lo avalan, con más de 280 victorias y 11 Grandes Vueltas, no es solo impresionante: es casi inalcanzable. Pero esa grandeza no se explica por si sola: también se forjó frente a rivales de enorme nivel como Luis Ocaña, Felice Gimondi y Raymond Poulidor (el eterno segundo) que elevaron la exigencia de cada triunfo.

A esa superioridad se suma un detalle que hace más grande su figura: fue campeón del mundo en ruta tanto como aficionado como en el profesionalismo, una hazaña poco común que habla de su dominio desde muy joven. Además, estableció el récord de la hora en 1972, manteniéndolo durante más de una década, eso sí, sin los avances en nutrición, biomecánica y tecnología que hoy son parte esencial del alto rendimiento.

Resulta aún más significativo que varios de los ciclistas que posteriormente superaron ese récord no lograron imponerse en Grandes Vueltas, lo que refuerza la idea de que la capacidad de Merckx no solo consistía en esfuerzos aislados, sino en un dominio integral del ciclismo en todas sus formas. Incluso, su dominio generaba tal rechazo en algunos sectores del público que llegó a ser objeto de agresiones por parte de aficionados que buscaban impedir que igualara a su compatriota, el gran Jacques Anquetil. El episodio más recordado ocurrió cuando estaba cerca de conquistar su sexto Tour de Francia: en plena carretera fue golpeado por un espectador, reflejo del nivel de tensión y resistencia que provocaba su dominip.

Pogačar, en cambio, representa la excelencia moderna. En una era de especialización extrema, donde cada corredor es especialista en un terreno específico, él ha podido romper esa lógica. Escala, contrarrelojea y gana clásicas con una naturalidad que recuerda inevitablemente a Merckx. No corre con la frecuencia de antes, pero sí con una eficacia sorprendente. Y lo más relevante: a diferencia de Merckx, cuya obra ya está completa, Pogačar aún está en plena construcción de la suya. Tiene no solo el tiempo, sino también las condiciones para mejorar sus cifras y, en consecuencia, seguir escalando posiciones en la historia del ciclismo mundial. Y, como ocurrió con Merckx, también lo hace enfrentando a rivales de primer nivel como Jonas Vingegaard y Remco Evenepoel, en un contexto competitivo que da aún más valor a cada una de sus victorias.

Compararlos es, en el fondo, enfrentar dos formas de entender el ciclismo. Merckx competía en un calendario mucho más cargado, con menos apoyo científico y mayor desgaste acumulado. Pogačar lo hace en un entorno medido al detalle, con planes nutricionales precisos, análisis de datos en tiempo real y rivales igualmente preparados.

Sin embargo, hay algo que los conecta más allá de los números: la actitud. Ambos atacan cuando otros esperan, ambos buscan ganar cuando otros se conforman.

¿Es Pogačar el nuevo Merckx? Tal vez no en cifras, pero sí en espíritu. Y en un deporte donde la historia pesa tanto como las piernas, eso lo pone en un lugar privilegiado.